10 consejos al entrar en la carrera de filosofía.

Ahora que estamos a punto de no volver a las clases, es un buen momento para dar consejos de vejez a la juventud que se embarca en la vida con entusiasmo y ligereza. Nunca he hecho esto, y dudo que sea de utilidad, porque más que consejos son perspectivas fruto de la experiencia, que se pueden resumir en una: «haz las cosas lo mejor que puedas». Esto vale para todo, pero la concreción de temas y programas hace que cada carrera tenga su ecología particular, con su flora y su fauna y sus selvas y llanuras. Así que, como buen abuelo cebolleta que no hace tanto salió del sistema universitario español, voy a desarrollar algunos temas que pueden ser de interés a quien se adentra en el oscuro mundo de la Academia.

1. Honestidad intelectual.

Esto debería ser básico para todo oficio que implicara un conocimiento compartido por el cual se avanza a base de revisar todo lo anterior. Recuerdo en particular un examen: teníamos cuatro horas para redactar un ensayo sobre uno de los temas pactados de antemano con todo el material que quisiéramos llevar. La profesora nos gritó al principio: «¡Quiero citas y referencias! No me creo que nada de lo que digáis sea vuestro». Esto me molestó bastante, porque me sentí insultado por dudar de mi capacidad para formular pensamientos originales (claro, que estaba en primero o segundo, y eso afecta). Tiempo después, otra profesora me dijo a cuenta de un trabajo que siempre tenía que citar las fuentes y poner referencias, aunque fuera para la más mínima mierda, porque esa es la forma que la comunidad científica tiene de trazar el hilo del conocimiento y contrastar los resultados. Es decir, tú puedes tener ideas originales, pero esas ideas no salen de la nada, salen, en todo caso, del caos, y ese caos está compuesto por lecturas, por investigaciones, por experiencias, por lo que sea. La honestidad intelectual es el reconocimiento de que perteneces a un colectivo, y sí, es molesto tener que estar poniendo referencias en todo momento (con las citas soy más crítico, es más innecesario), pero es la forma en que la comunidad se reconoce a sí misma y se controla. Yo no soy nadie para robarle ideas a otra persona, y lo único que se gana no citando las fuentes es descrédito, porque el conocimiento necesita referencias.

2. Cuidado con los entusiasmos.

Y es que ser honesto tiene bastante que ver con la templanza, con el cálculo, con la reflexión. Uno de los mayores errores que considero que se sufre siempre en la adolescencia y en esa etapa de transición que son los primeros años de universidad es el entusiasmo, y en filosofía tiene un carácter criminal. Es fácil que, nada más llegar a las aulas, un discurso novedoso nos obnubile; que al escucha hablar de epojé, de dasein, de no sé de cualquier jerga filosófica que se os ocurra, de repente todo encaje. Unos discursos novedosos que rompen completamente con la conciencia anterior nos dispara hacia una comprensión elevada de la realidad. Y quienes portan estos discursos se solazan en su liderazgo conceptual. De repente alguien dice que lo de los dos mundos de Platón es mentira, que eso nunca ha estado en sus textos, que existe la doctrina secreta, y te vuelan la cabeza. Y en menos de un mes hemos introducido en nuestro vocabulario toda la jerga fenomenológica, existencialistas, marxista, logicista,… la que sea, sin apenas haber leído nada y comprender menos. Es algo que suele pasar en primero (a mi me pasó de hecho con la fenomenología). Pero es todo entusiasmo, de momento, ahí, en ese instante, está vacío, y probablemente tiene más que ver con la posición de poder de un profesor que quiere adeptos que de un contenido real. Moderad los entusiasmos; la razón es pausada.

3. Cuidado con la fauna académica.

Porque tal vez lo peor de la carrera de filosofía son su fauna académica. No sólo el profesorado, también los veteranos tienen miga. (Del PAS no digo nada, porque suelen ser buenísimas personas que están para ayudartte en la mierda de la burocracia, cosa que no hacen nunca los académicos). Y es que, al menos en filosofía, la Academia es un/a [poned lo que queráis]. Que tiene sentido: hay mucha gente para unas posibilidades laborales escasas. El arribismo y el oportunismo es moneda común. Los profesores harán las mierdas que sean convenientes para 1), asegurarse visibilidad e influencia en el ámbito académico aunque su trabajo sea basura, y 2), asegurarse de ser fundamental para otras personas aunque sea una basura de persona. De este modo, en la Academia hay multitud de círculos de poder que son los que controlan los grupos de investigación, las subvenciones, las publicaciones, etc. Y si no eres de su cuerda, estás fuera. Por eso se dedican desde primero a encandilar a futuros siervos, y por eso, una vez que se sabe cómo funciona la Academia, los siervos afloran en cada esquina para, en un futuro, convertirse ellos en amos. Si eres un trepa, adelante, es fácil lamer culos y estar arriba; si no, si quieres ser honesto, incluso aunque seas el mejor filósofo/a de los últimos 100 años, es bastante probable que en el sistema español lo tengas jodido.

4. Prepara tu carrera con prognosia.

Por eso conmino a todo alumno de primero a prepararse ya para el final de su carrera. Si no aspiras a la carrera investigadora (y quisieras ser profesor/a de secundaria, por ejemplo, o aspirar a una carrera fuera de la Academia) ignora todo esto: haz lo tuyo y p’alante. Pero si aspiras a quedarte en la Academia y quieres tener oportunidades sin tener que rebajarte, necesitas planear tus pasos. Normalmente nadie informa de las becas, las salidas, las posibilidades que viene después de terminar la carrera. Yo ya lo he dicho en otro lugar: yo me enteré de las opciones cuando ya no podía hacer nada por mis posibilidades. Así que recomiendo encarecidamente a empezar desde primero de carrera a ver las diferentes vías y caminos de la investigación, y que empieces a planear con inteligencia qué quieres hacer y cómo lo quieres hacer. Si tu objetivo es irte al extranjero, mira las Fulbright, las Marie Curie, los proyectos europeos; si quieres quedarte en España, becas de excelencia como las Juan de la Cierva. Pero empieza desde primero a mirar los requisitos, a explorar lo que se hace en diferentes universidad, a estar al día. Si no, de repente te encontrarás en cuarto o en el máster siendo un especialista en tu pequeño ámbito filosófico pero sin un currículum que lo acompañe. Y probablemente no sea tu culpa, pero jode saber que podías haberlo hecho todo de otra manera muy fácil si simplemente alguien te hubiera puesto sobre aviso.

5. La biblioteca es tu amiga.

Aquí vuelvo al entusiasmo: Es muy normal que al llegar, con esos verbos melifluos que encandilan nuestras orejas y nuestras conciencias, nos volquemos como locos a la adquisición de conocimiento en forma de libros. Tengo todavía en mi biblioteca un libro de Spinoza que no he leído que me compré en primero cuando nos dieron el programa de una asignatura. Era tan gozosa la explosión de conocimiento que prácticamente compré la lista entera (algunos nuevos, otros de segunda mano). Y ahí está, cogiendo polvo. Después de tantos años ya no me arrepiento de haberlo comprado (ahí está, ya me lo leeré), pero el momento en que descubrí que no era necesario me dolió. Porque, amigos, ahí está la biblioteca de la facultad. Todos los libros que necesitéis, que queráis leer, que estéis buscando, probablemente están en la biblioteca, a vuestra disposición, esperando ser leídos (y, muchas veces, apenas tocados por otras personas); y si no están se piden y, por lo general, lo traen a la biblioteca. Porque el saber sí ocupa lugar y cuesta dinero, y la biblioteca es un servicio público a vuestro servicio. Además, es que hay un terrible trampa en eso de los libros necesarios para diferentes asignaturas: no es raro que el libro recomendado sea el de quien imparte la asignatura. «Mi asignatura la tenéis en mi libro, es lo que necesitáis para aprobar». Y los alumnos y alumnas jóvenes van de cabeza a la librería de confianza a pedirlo y comprarlo. Recuerdo el caso de un profesor al que la editorial le obligó vendérselo a sus alumnos para poder editarlo. Y no sería la primera vez. Usad la biblioteca, salvad vuestro dinero para libros que de verdad queráis.

6. Todas las asignaturas son importantes.

Esto parece una chorrada pero es algo de lo que uno tarda en darse cuenta. Particularmente, no me gusta nada de la rama de filosofía de la ciencia, lógica, etc., y le dediqué poco tiempo en la carrera. Las pasé, claro, pero, por una parte, me hubiera convenido esforzarme más para tener más nota. Pero, por otra parte, y más importante, ahora siento que he perdido una cantidad de información, de referencias, de forma de pensar y razonar que me hubiera venido bien. Obviamente no me iba a convertir en un especialista en nada de eso, pero sé que si ahora fuera capaz de leer temas de lógica, de filosofía de la ciencia, esas cosas, con la soltura que me habría dado atender más a ellas, habría ganado perspectivas y posibilidades argumentativas que hoy siento que me faltan. Lo único verdaderamente bueno, sin «peros», de la universidad, es que te abre un universo de conocimiento plural de forma abierta sin igual, algo que no se encuentra fuera o a lo que es muy difícil de acceder si no es desde dentro de la Academia. Es posible que la mitad del profesorado sea mala persona, pero, por lo general (y hay excepciones ruinosas), son expertos en sus temas, y aunque no te interesen o sea algo muy tangencial, aprovecha para sacar información, referencias, formas de pensar. Aunque sea para decirle a quien sea «eres tonto, tus argumentos son una mierda, no sabes de lo que hablas».

7. Lee.

Llega tarde pero es importante. Después de avisar de cosas que no hay que hacer, cosas que sí. Y mucho, además. Parece obvio, pero hay que leer mucho. Un profesor decía que había que leer un mínimo de 50 páginas al día para mantenerse actualizado. Y si no se pueden 50 o más sí leer lo que se pueda en todo momento. La filosofía se basa en la razón, en argumentos, en la construcción de discursos que expliquen la realidad. El conocimiento está en lo que otras personas han dicho antes, nuestra vida está en los libros, en la lectura. Por eso es importantísimo leer mucho, casi que lo que sea, porque cuando se empieza la carrera no se sabe muy bien qué se quiere hacer, qué interesa. Y como tienes una biblioteca a tu servicio puedes buscar cualquier cosa que llame tu atención. Y leerlo todo. Es este periodo el que más libertad puedes tener para leer cualquier cosa. Más adelante tendrás que centrarte en temas concretos, en una rama específica. Así que, mientras puedas, lee todo lo que caiga en tus manos, y lee conscientemente, sabiendo que ninguna lectura es definitiva, que mañana una lecutura diferente puede modificarlo todo.

8. Escribe.

Esto se sigue de lo anterior. Si la palabra es la fuente de conocimiento, la única forma de avanzar es a través de la palabra. Por eso hay que escribir mucho, ensayar constantemente sobre aquello que se aprende. Y no hace falta plantear cada escrito como la exposición definitiva de la realidad. La inmensa mayoría de lo que se escribe es basura que acabará en la papelera, pero es importante ejercitarse, porque leer y escribir es nuestro ejercicio. Y, repito, no tiene por qué tener un objetivo. Pueden ser notas, esbozos de otra cosa, ideas, lo que sea. Por lo general de aquí a un año nuestra perspectiva sobre X tema cambiará porque hemos leído más y sabemos más, pero ya tendremos notas y reseñas sobre todo, podremos contrastar ideas, recuperar argumentos, lo que sea. Hay que escribir mucho.

9. Elige.

Como toda especialización, hay un momento en que hay que elegir, decidirse por un campo concreto y tirar. Se suele hablar de la filosofía como esa cosa de la cual quien sabe puede hablar de todo, sabe de todo, entiende cualquier cosas y puede dar su juicio de todo. Es mentira, y quien haga eso es un charlatán. La filosofía es una ciencia como cualquier otra, y nos especializamos. Mi tema específico es la estética y la filosofía de la historia marxista; si me quiere poner a hablar de Husserl o de Platón igual saco algo, pero no voy a saber nada en comparación a quien se ha especializado en ellos. Lo diferencial de la filosofía es que se nos enseña a pensar y a argumentar, y eso hace que en las discusiones parezca que tenemos una capacidad de hablar de temas así como espectacular. Pero es mentira. Saber pensar y argumentar es lo fundamental de la filosofía, pero en la carrera en algún momento hay que decantarse por «el tema» sobre el cual vas a construir tu trabajo. Y es importante elegir más o menos pronto. Parece que esto se contradice con lo de leer de todo y tal, pero no. Si hemos leído mucho para tercero ya deberíamos tener en mente más o menos lo que te interesa y a lo que quieres dedicarle tiempo. Yo lo descubrí en segundo, en la asignatura de Historia de la estética, cuando me topé con Adorno (y ya van 10 años). Y es importante elegir porque la filosofía no es diletantismo, no es erudición ni sabiduría: es ciencia, no como las ciencias de la naturaleza, pero es ciencia desde el momento que se articula como un conocimiento cierto sujeto a argumentación y contrastabilidad. Y la ciencia no se hace desde el diletantismo, sino desde el rigor y la especialización.

10. No te metas en filosofía.

Este punto es contradictorio pero no es idiota. En el panfleto de presentación de la carrera, recuerdo que aparecía este lema, «vocación de inteligencia», y siempre me pareció pedante, demasiado rimbombante para lo que después realmente hacíamos en la facultad. Y supongo que a quien se le ocurrió la campaña era un pedante, pero, con el paso del tiempo, le he ido dando vueltas a ese lema y ha desarrollado otro sentido. La mayoría de la Academia es una inutilidad; la carrera filosófica en España es una basura tanto universitaria como investigadora; el papel de la filosofía en la educación secundaria es de chiste, con un programa de mierda. No merece la pena hacer la carrera de filosofía, nadie debería meterse en la carrera de filosofía porque, objetivamente, es una perdida de tiempo, al menos aquí en España, y saldrás o pobre o siendo gilipollas (o ambas cosas, drama máximo). A nadie que aprecie le recomendaría entrar en filosofía (como probablemente tampoco le recomendaría entrar en muchas otras carreras de ciencias sociales y humanidades que son deshechos universitarios). Pero sí, aun así, quieres meterte en filosofía, ten en cuenta esto: el mundo está lleno de eruditos y académicos que nada aportan; la filosofía se ha articulado siempre como la conciencia de la humanidad, la responsabilidad es grande. Al meterse en filosofía se adquiere un compromiso con el progreso de la humanidad, cualquier otra cosa es charlatanería. Es posible que esto no sea más que un desbarre de alguien que está muy cansado de bregar con una carrera que, de momento, no le ha llevado a nada, y justifico mi decadencia a través de la importancia otorgada a mi papel en el mundo, minúsculo papel, pero importante si logro alentar un par de conciencias a ser mejores. Pero también parece que la filosofía nunca es capaz de escapar de su propia exigencia de «ser mejor», de exponer lo mejor del espíritu humano y estar a la vanguardia del futuro brillante que está por venir. Y se supone que para eso está la inteligencia. Y si el filósofo no está para eso, si quien estudia filosofía no está para eso, no tiene sentido estudiarla.

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