Trump o el problema del sentido común

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[Steve Earle – This city]

Nos encontramos prácticamente en una campaña electoral contínua, lo cual significa en un peligro ideológico contínuo. No solamente en lo que respecta al ámbito nacional: todo el mundo se condiciona políticamente, y lo que pasa aquí afecta a Europa, y lo que pasa en los EE.UU. nos afecta a nosotros. Es fascinante la interrelación de las historias y de las declaraciones de diferentes modelos políticos estatales y, sobre todo, cómo afecta la “noticia”, la “breaking news”, la anécdota política: citas sacadas de contexto, opiniones extremas o absurdas, conflictos ideológicos inconsistente, etc. Ayer vi un video una conocida bloggera llamada Yael Farache titulado “todo lo que necesitas saber sobre Donal Trump” bastante… discultible. En general, sus opiniones son controvertidas, mal argumentadas, faltas de información, algunas incluso estúpidas. Pero no quiero entrar en eso. Básicamente defiende a Trump de las acusaciones de racismo diciendo que él sólo se refiere a que los mexicanos (o “inmigrantes” en general) que llegan (que “mandan”) son los malos, los delincuentes, que la frontera no la cruzan los buenos. Y Yael dice que sólo cruzan ilegalmente la frontera los delincuentes, que los “inmigrantes” buenos no incumplen la ley, no cruzan ilegalmente la frontera, sino que hacen todos sus trámites a través de embajadas y esas cosas. Sólo cruzan ilegalmente la frontera los malos, los buenos emigran legalmente. Trump no es racista, simplemente organiza bien a las personas.

Esta semana he terminado de ver la serie The Newsroom, y me ha parecido genial. En especial la primera temporada, aunque las siguientes también son buenas. Una de las cosas que más me ha gustado y sorprendido ha sido la personalidad del protagonista, Will McAvoy (Jeff Daniels), presentador de las noticias. Es un periodista crítico, es incisivo, busca la verdad, o por lo menos, lo racional, achucha a quien entrevista hasta descubrirlos, descubrir sus mentiras, o las inconsistencias de sus discursos. Como Ana Pastor, diríamos, pero “desde la derecha”. Y lo más sorprendente es que es, según él mismo, un republicano moderado, miembro del partido Republicano, que critica a los miembros del Tea Party, la que se puede llamar el “ala neoconservadora” del partido Republicano, y los critica porque considera que están desvirtuando la postura conservadora, que están engañando a la gente, a la buena gente conservadora, y que atacan sin razones al resto de “ideologías”, a los demócratas, cuando en realidad el objetivo de la política es gobernar, no dominar. Y es fascinante ver a un conservador atacando a “su propia gente” con sentido y razón. Y dice que es republicano moderado porque cree en el libre mercado, en la propiedad privada y la autodeterminación, y en la defensa de la vida, y no cree que los negros sean inferiores, en los ángeles ni que un señor con barba creara el mundo en seis días más uno de descanso. Will McAvoy sería crítico con Trump (pero también con Ted Cruz, que está cerca de ser una estrella del Tea Party, aunque sea más inteligente).

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El señor Trump

Volviendo a Trump: este en su propuesta de “reforma inmigratoria” dice en su primer punto “1. A nation without borders is not a nation. There must be a wall across the southern border”, e incluso dice que es México quien tiene que pagar el muro (es literal, su página aquí). Más allá de una pregunta chufla como “¿se construirá también un muro en la frontera con Canadá?” o decirle que un muro no define una frontera. Es decir, la nación no se crea por la existencia de una frontera definida materialmente. Existe un dentro y un afuera, pero tiene otro carácter. El problema está en que este tipo de comentarios se consideran de “sentido común”. Es decir, se considera “lógico” que, por ejemplo, una frontera deba estar definida por un muro para impedir el paso, porque todo el que pase que no pase dentro de unos cauce legales (i.e., sea un “inmigrante ilegal”) sea considerado desde entonces un delincuente de forma perpetua, porque, pudiéndolo hacer bien, ¿por qué lo hacen mal? Es un problema que sea de “sentido común” discriminar a ciertas personas porque hacen algo o actúan de forma diferente a la “normalidad” considerada. Por ejemplo, la ojeriza que tienen los republicanos (y en esto Ted Cruz no se diferencia de Trump) al ObamaCare, una “seguridad social” tan exigua que apenas si afecta a la economía o al trato al paciente en otros centros. O al matrimonio homosexual (Cruz, aunque es contrario, se muestra más abierto a las decisiones y elecciones individuales). Considerar de “sentido común” que esas personas “están enfermas”, o que “no es natural”, y que no se debe permitir ese tipo de uniones. El caso es que en los EE.UU. (en lo que toca, sobre todo a los WASP) esto es de sentido común, igual que es de sentido común que Dios creó el mundo en seis días más uno hace apenas seis mil años y que la evolución no es cierta, y así otras veces. Es un problema porque ya no sabemos qué es sentido común. La física aristotélica era de sentido común: ¿qué es más de sentido común que pensar que es el Sol el que gira alrededor de la Tierra? La costumbre según Hume formaba el sentido común, así es de sentido común pensar que el Sol saldrá mañana, por la costumbre inductivista de verlo salir por el este desde hace días, meses, años. Aquí en España, Podemos fue el primer partido en las últimas elecciones en usar el “sentido común” como el modelo político de la gente (de la “masa”), es decir, un modelo de política radical que velara por los intereses de la gente. O podemos recordar ese “sentido común” de Thomas Paine, un sentido común fundacional en los EE.UU. que poco tiene que ver con poner muros.

Hablar de sentido común es un problema. ¿Cómo actuar entonces? Tal vez la actitud más aceptable es la que comentaba al principio, la de Will McAvoy: soy conservador pero no importa, no importa mi ideología (aunque importe) ni importa a quien vote; lo que importa es ser crítico, pensar lo que se dice, lo que se escucha, y lo que se hace, no contentarse con la primera respuesta. En eso ayuda mucho el trabajo de los periodistas (cuando es periodismo serio, porque hay otras cosas que ni se le acercan). El sentido común se establecería por encima de la costumbre, se podría decir, las acciones cotidianas junto con los eventos contrastados, analizados expansivamente. Pero entonces no es ya sentido común, porque requiere de un conocimiento que no es accesible para la mayoría, sea porque carecen del tiempo, de la formación, o del interés. Necesitamos información, y buenos informadores. Porque al final gente como Trump llega al poder (y ni que decir tiene cómo estamos en España), y las cosas pueden empeorar más rapido todavía.

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