fracasar mejor (un año después)

Tinta

[Wade in the water – Elephant Revival / Leyla McCalla / eTones]

Es difícil comenzar a escribir. Sobre todo cuanto te preocupa mucho decir algo decisivo. Es cierto que escribo mucho, pero no es para mi, no es mi voz, es la voz de la investigación, impersonal y universal. No digo nada que no pudiera decir otro. Lo difícil es decir algo que sólo suene a uno mismo, y que, por la misma razón, surja como una voz decisiva, como una declaración capital. Escribo mucho, es cierto, pero no para mi. Y eso afecta a la forma de escribir. Hace bien poco escribía una carta y no sabía qué escribir: mis palabras surgían impostadas, sonaban a voz ficticia, a comentario tristemente preparado.

Poco a poco he ido dejando aparcada mi voz, desmigajándose por el camino sus tonos, sus matices. Hace hoy un año y un día que publiqué la última entrada de este blog. Ahora se encuentran hermanadas, como si no hubiera pasado el tiempo, pero lo cierto es que sí ha pasado, un año en el que poco a poco se han ido perdiendo esos tonos y matices. Tonos de una guitarra que cada vez he tocado menos, y de la que he sacado menos canciones; matices en las palabras de un poema o de un relato que no ha visto la luz. Es cierto que he escrito, que he cambiado de aires, que he terminado asuntos, cosas de las que he aprendido a modular y declamar, y que han madurado mi voz, y estoy contento. Y no ha sido el silencio por el cual se ha perdido tono, sino por la emboscadura, por la espera de algo desconocido, pero sin la conciencia del emboscado, esforzándome día a día en una anamnesis sin sentido, pues no tenía que recordar “qué hacía allí”. Un año de desplazamiento al azul, algo conformista, más anarca que anarquista, pero demasiado ensimismado para la rebeldía. Hace un año decía “fracasar mejor”, por Beckett y Riechmann. Pero no se puede fracasar si no se hace. Podía haber supuesto que “qué mejor fracaso que el silencio”. Pero el silencio sin gestos, sin algo que declare resistencia, rebeldía, o mera acción, no es más que silencio. Ha pasado un año, un año en el que, por no saber qué decir, por sentirme vaciado de lo que una voz puede decir, de lo decisivo, no he dicho nada. Sigo sin saber qué decir, sigo con la dificultad de decir con mi voz, pero la única forma de mejorar es hablando, con la lucidez de la deriva de la voz.

Fracasar mejor, un año después. Un paréntesis, y seguir al día siguiente. Nunca se comienza de cero, pero la regla básica de la “rescritura” es borrarlo todo, y volver a empezar. No se va a borrar nada. El objetivo es continuar, aumentar, mejorar, crear un compendio de ideas siempre incompleto, pero nunca ignorante ni inocente. Trabajar más, escribir más, aprender más,… tratar de encontrar la voz olvidada pero siempre presente. “Fracasar mejor” como mantra, decía. Como una forma de resistencia y de rebelión. Fracasar mejor porque es la única manera de vivir. No se quiere ganar ni vencer, porque se saber que no se puede ganar ni vencer. La felicidad por alcanzar una cota en una montaña que no tiene cumbre, simplemente por el hecho de haber subido, de haber alcanzado algo. Así, como Sísifo, estaremos contentos en nuestro descenso, y después, volviendo a subir, un poco más alto. Y aunque no valga para hablar de mi mismo, bueno, una voz puede cantar muchas cosas.

Retomo, pues, este proyecto con la única ambición de perpetuar este fracasar apasionado. Sigo sin saber qué decir, pero haré como que se me ha olvidado.


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2 pensamientos en “fracasar mejor (un año después)

  1. “…pero la única forma de mejorar es hablando, con la lucidez de la deriva de la voz”

    No te puedes imaginar cómo me identifico con esa entrada. Pero me aferro al (disimulado) optimismo que subyace a tu escrito y me apunto a tu “fracasar mejor”.

    Ya sabes, a desempolvar esa guitarra medio desafinada, a redescubrir el “corrimiento hacia el rojo” y a seguir “fracasando”.

    Y gracias por escribir esta entrada.

    Le gusta a 1 persona

    • Gracias por tu comentario. Después de este tiempo, apenas dos meses (aunque hay más tiempo detrás), se constata que hay que ir poco a poco, que es difícil despegar, que es difícil “hacerse oir”. Claro que soy optimista, pero digamos un optimismo adaptado a un mundo sin horizonte, sin Historia. Es el optimismo del gesto, de medios sin fines.

      De nuevo, gracias por tu comentario. Es una alegría ver que quien te lee saca algo de estos arrebujes de palabras. Un saludo.

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