Cargas no contempladas por la comunidad política (III)

[Don Ross & Andy McKee – Ebon Coast]

9788430954568

Gozamos de un buen número de ediciones en castellano

IV.

Siguiendo el hilo del artículo anterior, la idea de “menos aventajados” de Rawls es muy restringida. No hay duda de que atiende a su concepción de persona, y se desarrolla a tenor de unas exigencias particulares de los bienes primarios, pero no parece compensado para con otros casos. Éstos pueden ser los ya citados en más de una ocasión: los ancianos, los discapacitados, o los enfermos eventuales o crónicos que no puedan cooperar en el beneficio mutuo y, por lo tanto, no percibir ayuda de la comunidad porque no se adecuan a sus concepciones fundamentales. Con el velo de ignorancia en la posición original y la definición de los bienes primarios, Rawls quiere garantizar un mínimo de seguridad para paliar las desigualdades, pero teniendo en cuenta a los excluidos de su concepción política de persona, no parece que haya una compensación del nivel adecuado de derechos. Quien está en desigualdad con otra persona porque por sus capacidades no tiene la posibilidad de aportar más que otro al beneficio común ve compensado su esfuerzo dentro del sistema de cooperación. La diferencia entre capacidades y su resultado sí que lo contempla Rawls y lo equilibra dentro de la comunidad política [véase §21, Sobre la concepción de las dotaciones innatas como un activo común]. Pero la diferencia se contempla dentro de un conjunto de ciudadanos con capacidades, más concretamente con la capacidad de producir riquezas. Al igual que con la concepción de persona, no se acerca a aquellos que carecen de las capacidades que entiende como propias del ciudadano. Las oportunidades de las personas están viciadas en Rawls de economía política.

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John Rawls

Rawls reconoce que hay que ayudar a los menos aventajados de la sociedad aportándoles mayor parte del beneficio para paliar las desigualdades. Esto está regido por el principio de diferencia. Al principio de diferencia le precede la igualdad equitativa de oportunidades, es decir, que no tenga que ser aplicado de primeras el principio de diferencia porque lo que soluciona éste ya se haya visto corregido los defectos de la igualdad formal que predica la posición original. La igualdad equitativa de oportunidades es la corrección efectiva de estos defectos antes de reubicar las riquezas para acercar las desigualdades. Para Rawls, esto se presenta como que “los que tienen el mismo nivel de talento y habilidad y la misma disposición a hacer uso de esos dones deberían tener la misma perspectivas de éxito independientemente de su clase social de origen” [§13.2]. Esta igualdad de oportunidades atendiendo a las capacidades es un requisito de la estructura básica, pero esto es sólo para aquellos que se ajusten a la idea de ciudadano, y a la capacidad de generar riqueza que tengan. Si se tiene en cuenta esto, todas las personas pueden acceder a la posición que sea ajustándose a sus capacidades, aportando en mayor o menor medida lo que puedan al beneficio común. De este beneficio común, los menos aventajados obtendrán lo que no pueden conseguir a través de sus capacidades, pues la comunidad política se establece en cooperación. Para Rawls. El modo equitativo de distribuir las ganancias procedentes de la cooperación es el principio de diferencia, según el cual todas las desigualdades sociales y económicas son justificables sólo en la medida en que maximizan la posición del grupo más desfavorecido. Esto es de lo que trata el principio de diferencia, para Rawls, “un principio de justicia distributiva en sentido estricto” [§18.1]. El principio de diferencia lo que hace es asumir que existen diferencias sociales, pero que pueden ser atajadas por la economía política, más concretamente, “el principio de diferencia requiere que, cualesquiera puedan ser las desigualdades de riqueza e ingreso y por muy dispuesta que esté la gente a trabajar para ganarse una parte mayor del producto, las desigualdades existentes deben contribuir efectivamente al beneficio de los menos aventajados. De los contrario, las desigualdades no son permisibles” [§18.3]. Si las desigualdades no son equilibradas, la justicia como equidad habrá fallado en su programa. Rawls no deja de hablar en términos de riqueza e ingresos, lo cual afianza el problema que se plantea con los menos aventajados que son excluidos de la concepción política de persona [Nussbaum, 126-127]. Las ventajas naturales o sociales que hacen a la gente más o menos productivas son cuestión de buena suerte y, por tanto, no constituyen derechos fundamentales para recibir más o menos del producto social. Los discapacitados, los anciano, los enfermos, etc., no son responsables de su falta de productividad, así que deberían tener acceso a los recursos que igualen su condición a la del resto [Barry, 95]. Pero la reciprocidad, la necesidad de cooperación en los términos que expone Rawls, los excluye.

Si se obvian el problema manifestado de los excluidos de la concepción política de persona, y se siguen los principios de la justicia como equidad expuestos por Rawls hasta el darse efectivo de los mismos, se conseguiría alcanzar una “sociedad bien ordenada” [véase §3, La idea de una sociedad bien ordenada]. Esta una idealización, pero susceptible de realizarse al menos parcialmente. La sociedad bien ordenada requiere que los principios de la justicia se vean satisfechos y que se aplique efectivamente. De todo lo expuesto antes se ve que sólo aquellos que se ajustan a la concepción política de persona son los que construyen la sociedad política y son los que se benefician de la cooperación en la sociedad. Por lo tanto, la sociedad bien ordenada es de ellos y para ellos. No hay nadie más que acceda a lo que ofrece. Los ancianos, los discapacitados, o los impedidos por cualquier eventualidad, son excluidos, pero permanecen en la sociedad, pues no son llevados a la frontera o a lo salvaje a que sobrevivan como bien puedan. Se mantienen como problema de asignación de la economía política, como cargas no contempladas de la comunidad. Hay alguien que se hace cargo de ellos, pero su atención no alcanza el ámbito de la definiciones de justicia como equidad de Rawls. Son escollos que Rawls no supera, y que han sido señalados como polos problemáticos de la teoría de la justicia de Rawls.

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La sombra de la justicia

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