“Conócete a tí mismo” y otras mentiras a la griega usanza

El legado que la construcción del pensamiento occidental nos ha dejado, habla de la siempre eterna Atenas, de la Grecia del s. V a.C. como la cuna indiscutible de occidente que, junto con el otro pilar, Jerusalen, es la base de la cosmovisión que se ha desarrollado en Europa desde Sócrates hasta nuestros tiempos. Pero, ¿es lo que nos dicen estos mitos fundacionales de la cultura occidental (como el “conócete a ti mismo”) lo que realmente significa(-ba-)n , o son en realidad una interpretación interesada de los mismos? No voy a negar la importancia de estas interpretaciones, para mi, por ejemplo, que soy deudor exclusivo de este proceso, y se lo debo todo a la Historia. Pero eso no quiere decir que una vez construida la casa, no se le puedan encontrar fallos de estructura, y se quiera reparar o reconstruir las fallas (que no parchear). Pues bien, el tópico del “conócete a ti mismo” se nos ha vendido desde siempre como el culmen de la interioridad. Cito de la Wikipedia (pues no tengo ganas de explicarlo): “puede referirse, al ideal de comprender la conducta humana, moral y pensamiento, porque comprenderse uno mismo es comprender a los demás también y viceversa, sabiendo que somos todos pertenecientes a la misma naturaleza. Por eso aprender el verdadero significado de la frase conlleva inevitablemente a verse uno mismo como ser humano ante la verdad, que es lo que es, y por lo tanto descubrir nuestras miserias, en como nos engañamos y mentimos para alimentar nuestro sufrimiento interno.” Eso es (más o menos) lo que pensó Sócrates, y  lo que Platón desarrolló, y lo que el cristianismo de San Agustín tomó como pilar, y lo que Descartes llevó al extremo, y lo que etc. Pero, como bien dice Nietzsche (aunque discrepo con él en muchas cosas), Sócrates era un griego que no entendía su cultura, no entendía la tragedia, no entendía a los otros griegos. Esta interpretación está muy bien, y tiene unas consecuencias fastuosas, pero en el origen, no es el significado real. Para comprender el significado original, tenemos que mirar primero a otros mitos que estructuran la cosmovisión (trágica) griega. Hay que mirar a Prometeo y a Pandora.

Prometeo (José de Ribera)

Prometeo era un titán al que se le reconoce como protector de la Humanidad, pues él fue quien robó el fuego del Olimpo para dárselo a los hombres y que vivieran dignamente, y engañó a Zeus con el establecimiento del sacrificio, y por su impertinencia, Zeus le castigó encadenándolo a un peñasco en el Cáucaso donde todos los días un águila devoraba su hígado. Es un héroe para los hombre y deja como villanos a los dioses, pues castigan a nuestro benefactor. Una pregunta sincera es por qué en este punto, los hombres siguen adorando a los dioses vista su vileza. A esto se puede responder: “bueno, siguen siendo dioses, siguen siendo más fuertes que los hombres e inmortales, hay razones para temerlos y adorarlos”. Esa sería la respuesta que daría el supersticioso, pero la verdad es bien distinta. En ningún momento Prometeo engañó a Zeus. Al revés, Zeus se hizo el engañado, porque sabía que las artimañas de Prometeo no traerían más que desgacias a la humanidad. Como era su elección y en el fondo a Zeus le convenía, no hizo nada en su contra. En lo que se refiere a la institución del sacrificio, cuenta el mito que Prometeo hizo dos montones: uno con la carne, cubierta por la piel del animal sacrificado, y otro con los huesos y las vísceras, cubiertos con la grasa del animal. Zeus conocía el engaño y escogió el montón de los huesos y las vísceras cubiertos de grasa. ¿Por qué? Pues porque el hombre, una vez que comiera carne, que devorara a un congénere material, él mismo estaría abocado a la mortalidad. Sin embargo, los dioses se alimentaban de aromas, de substancias sutiles, y por ello se mantenían inmortales. Por ello, lo que se considera el primer beneficio de Prometeo, dar a los hombres el alimento y a los dioses la casquería, en realidad es una maldición, pues nos aboca a la mortalidad.

Es entonces cuando, tal vez en un arranque de bondad, Zeus quita el fuego a los hombres. Sin el fuego no se podían realizar los sacrificios, y tal vez eso salvaguardara a los hombres un poco de la desgracia. Aquí el mito nos cuenta que fue Zeus enfurecido el que quitó el fuego para desgracia del hombre, y que Prometeo lo robó para el beneficio de la humanidad. Una vez más Zeus dejó a Prometeo que hiciera como quisiera, porque ahora también estaba perjudicando a los hombres. El fuego era un medio de comunicación por el sacrificio entre hombres y dioses. Sin el fuego, la cercanía entre estos es mayor, pues deben mezclarse para hablar. Pero el fuego separa completamente las esferas. Una vez el hombre usa el fuego para el sacrificio, ese se vuelve el único medio. Se podría decir que el fuego corrompe el estado natural de conversación directa, y sólo a través del fuego se puede hablar con los dioses. Por lo tanto, aunque con el fuego podemos cocinar la rica carne que obtenemos del sacrificio (ese que nos aboca a la mortalidad), es un medio más de apartarnos del estado primigenio en el que nos encontrábamos en armonía con el plano de lo divino (de la naturaleza). La técnica nos aparta de la naturaleza, podría ser la conclusión. Bravo por Prometeo.

En este momento, Zeus, más que harto de las intromisiones de Prometeo en los asuntos divinos, le encadena en el culo del mundo y lo condena a un sufrimiento terrible para el resto del Tiempo. Es entonces cuando Zeus introduce a Pandora en la vida de los hombres. Uno se pregunta: ¿no tienen los hombres suficiente con lo que cargar ya? Sí y no. Es decir, Pandora no sólo llevaba la caja con todos los males del mundo (para la humanidad), también era la portadora de las artes (artesanía en su tiempo), que tenía que enseñar a los hombres. Pandora fue un regalo, con unas condiciones bastante duras. El mito cuenta que, por su condición de mujer, curiosa y desobediente, abrió la caja que le entregó Zeus y que le prohibió abrir, pues en ella se encontraban todos los males de la humanidad. Ella, ni corta ni perezosa, la abre. Y como parece obvio, salen todos los males de la humanidad. El mito prosigue contando que en el último momento Pandora consigue cerrar la caja, dejando dentro la Esperanza. Aquí, las interpretaciones más extendidas dicen que es porque es lo último que le queda a la humanidad guardado, frente a las miserias del mundo. Hay otras interpretaciones, pero la mayoría pivotan sobre este supuesto. Ahora mi pregunta es: ¿por qué demonios estaban en la misma caja todos los males del mundo y la Esperanza? Desde un punto de vista judeo-cristiano (o moderno), esto no tiene sentido, hagamos la interpretación que hagamos del mito. He aquí el sentido: para los griegos, la Esperanza se consideraba un mal. Visto el panorama precedente, tiene sentido: el hombre había sido condenado injustamente a la mortalidad (él no había pedido nada a Prometeo), a la corrupción y a la separación del plano de lo divino. Si a esto le unimos que los dioses son de temer, y la expansión gracias a Pandora de los males para el hombre, la Esperanza es lo peor. La Esperanza te hace creer que hay salvación posible, que puedes superar todo lo malo del mundo. La imagen más precisa de esto lo tenemos en el cristianismo, que cree en el Cielo, y en la salvación de las almas. Esto para el griego es impensable: “tenemos la naturaleza, tenemos lo que tenemos para hacer”. Pensaría un griego. “¿Qué necesidad hay de crear otro mundo para querer ser felices”. La creencia del Cielo depotencia la fuerza de la naturaleza, donde vivimos, y donde podemos vivir bien y ser felices a pesar de todo. Para un griego la Esperanza es un mal que te saca de lo real, y te lleva a creer que puedes superar a la naturaleza. Básicamente, la Esperanza te endiosa.

Et in Arcadia ego (Poussin)

¿Cómo afecta todo esto al tópico “conócete a ti mismo”? Es bien sencillo. Los primeros filósofos como Platón, y dudosamente Sócrates (dudoso porque no dejó nada escrito, entonces presuntamente su palabra es la de Platón) dieron la vuelta al sentido de este tópico. Hablaron de interioridad, de conocerse y así conocer todo lo demás, y en cierto sentido, de superarse, puesto que si te conoces, sabes lo que puedes hacer, lo que puedes conseguir. Ahora bien, ¿para qué demonios quiere un dios como Apolo (pues la inscripción estaba en el frontispicio de su templo en Delfos) alentar a los griegos a ser mejores? Parece absurdo. Bueno, y lo es. Obviamente, el dios no les estaba diciendo a los hombres eso. Todo lo contrario. “Conócete a ti mismo” significa “conoce tu lugar”. El “yo” como aparece en San Agustín no existía antes. Sócrates tenía una novedad entre las manos, pero no supo qué tenía que hacer con ella. Pensar en un “yo” que hay que conocer para los griegos clásicos era inaudito, ni tan siquiera imaginable. “Conócete a ti mismo” como “conoce tu lugar”, entendido como “lugar en el mundo”, es “atente a lo que eres, vive con ello, conoce tus límites”. “Conócete a ti mismo” no es un grito de superación, es una proclama de sentido común, de humildad, de coherencia con respecto a la naturaleza (y quiero pensar que de pragmatismo).

Quería hacer este apunte pues desde siempre se han enseñado ciertas cosas malentendiendo sus intenciones. Como ya he dicho, la interpretación ya canónica que hace la filosofía occidental del “conócete a ti mismo” es loable, soberbia, muy interesante. Pero la vanidad intelectual de unos pocos a veces ensombrece la realidad en favor de la “perfección ideal”. No hay que olvidar ningún palo, pues de todos venimos. Si alguien está interesado en conocer alguna bibliografía sobre el tema, estoy a su disposición, ya que es un tema muy amplio que da pie a mucha discusión.

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5 pensamientos en ““Conócete a tí mismo” y otras mentiras a la griega usanza

  1. Creo que te lo llegué a decir cuando lo hablamos: si me han explicado alguna vez el “Conócete a ti mismo” al modo occidental, nunca lo he aprendido como tal, siempre he creído que la base de esa máxima era precisamente conocer los propios límites.

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    • En general, con este texto me quiero referir a todas esas tradiciones (griegas en este caso) que los pensadores se han dedicado a malinterpretar por necesidades teórica. Lo de “griega usanza” es retórico, simplemente una referencia vaga (a la “vieja usanza”) de cómo los propios griegos se han dedicado a malinterpretarse a sí mismos (caso de Sócrates o Platón). Espero haberte contestado. Salud.

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    • Hola. Pues te puedo dar dar algunos libros, por ejemplo “La naturaleza de los mitos griegos”, de G. S. Kirk y muchas obras de los helenistas Jean-Pierre Vernant o Pierre Vidal-Naquet, o Georges Dumezil. Pero todo esto está en muchos sitios. Si te interesa en general la interpretación de los sagrado, de la antiguedad mítica, te recomiendo a Mircea Eliade, también cualquiera de sus obras. Si te interesan en particular los griegos, es interesante partir de su concepción de historia y de inexistencia de la culpa. Como siempre, “El nacimiento de la tragedia” de Nietzsche es un buen comienzo.

      Espero haberte sido de ayuda. Gracias por tu comentario.

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