El Mundo se deshace en mis manos

El Mundo se deshace en mis manos.

El Mundo… ¿Qué mundo? En primer lugar, mi mundo. No puedo dar fe de otro. El Mundo es aquel en el cual yo tengo presencia substantiva, y ese sólo es el mío. Podría decir que el Mundo es solamente lo que inmediatamente me rodea, es decir, mi mundo inmediato. Pero hay en mi conciencia objetos que no se encuentran presentes. En un espacio físico concreto, puedo pensar en alguna persona que, constato, no está presente. Es algo creado, traído, por mi mente. Es un acontecimiento de mi mente. Y este acontecimiento también resulta inmediato, aunque no me rodee. Este acontecimiento es un objeto que está en mí. Todos los objetos son acontecimientos que me ocurren (que percibo). Mi mundo se compone de los acontecimientos que sobrevienen de mí o hacia mí (a mi alrededor). Parece innecesaria la cuestión de si estos acontecimientos me preceden o no. Si mi mundo parte del evento en mi presencia de unos acontecimientos, que estén antes resulta irrelevante. Pero ciertos acontecimientos se ven transformados entre distintas ocurrencias en el tiempo. Es decir, tienen una “vida” más allá de los límites senso-perceptivos de mi mundo; existe “el Mundo”. El Mundo abarca más que mi mundo, ya que, no sólo incluye mi mundo, sino también la vida de los acontecimientos más allá de mi mundo. (Incluso podría hablar de acontecimientos que ocurren pero nunca se me dan). Aunque no tengamos un conocimiento directo, tenemos la intuición de un mundo más allá de nuestro mundo.

El Mundo se deshace en mis manos.

El Mundo… ¿Por qué el Mundo? El mundo al que yo tengo acceso directo es a mi mundo. El único mundo que puedo “tomar” como una posesión es aquel que se me da inmediatamente. El mundo que se me da puedo descomponerlo, transformarlo, jugar con su estructura y contenido. Por su naturaleza, no se puede manipular algo que está más allá de nuestro yo inmediato. Por lo tanto, hablar de una manipulación del mundo resulta absurdo. Pese a ello, tenemos la intuición del Mundo como algo omni-abarcante. Lo que ocurre en el Mundo afecta a aquello que nos acontece. No tenemos dominio sobre lo que acontece más allá de nuestro mundo. Una anomalía en mi mundo puede deberse a una anomalía ocurrida fuera que ha venido a mí. (La anomalía es lo que ocurre que no se adecúa el desarrollo lógico de los acontecimientos con respecto a nuestro mundo. El desarrollo lógico es el desarrollo esperado y calculado grosso modo de los acontecimientos). Si mi mundo se ve afectado desde fuera, es legítimo pretender salir fuera del mundo propio e inquirir por la raíz del problema. Por lo tanto, es legítimo hablar del Mundo como algo propio, dándose esta situación.

El Mundo se deshace en mis manos.

…se deshace… ¿Qué significa que “se deshaga”? “Deshacer” alude a un fenómeno de descomposición, de pérdida de la estructura, de la forma. Significa que el Mundo pierde su estructura. Se puede decir, acercándose con sinónimos, que el Mundo se “disuelve”. Es decir, su descomposición es de forma no traumática, progresiva, deformándose poco a poco. El Mundo pierde su forma, es decir, sus elementos, los acontecimientos, pierden el sentido dentro de la estructura del Mundo. Se convierten en acontecimientos vacíos, inconexos. Los acontecimientos que no se dan en un espacio común no conforman mundo. De ahí que el mundo se deshaga.

El Mundo se deshace en mis manos.

…se deshace… ¿Por qué “se deshace”? Las anomalías ocurren. No se puede asumir que ocurran de forma ilógica; simplemente, no conocemos sus causas. Las anomalías se encuentran fuera de cualquier control posible (ya sea sólo por puro desconocimiento de su causa). Estas afectan a mi mundo sin previsión posible de sus consecuencias. La anomalía puede afectar sólo a una pequeña parte de mi mundo; trastorna sólo un acontecimiento. Pero cual reacción en cadena, la anomalía puede desatar una desestructuración del Mundo, dada la concatenación de los acontecimientos, o mejor dicho, la influencia que ejercen unos sobre otros en mi acción senso-perceptiva. Ocurre un efecto dominó: una anomalía afecta a un acontecimiento “a”; este acontecimiento ejerce influencia sobre un acontecimiento “b”, etc. Que el Mundo se deshaga implica que la anomalía haya afectado a la misma estructura del Mundo, a través de mi mundo. Si mi mundo se deshace, falla, mi razón está en volver a componerlo. Por lo tanto, el Mundo se deshace porque ha ocurrido algo imposible de manipular por mí, que, una vez descompuesto, me obliga a recomponer mi mundo, y con ello, colaborar a la reestructuración del Mundo. El movimiento (no deseado) es de destrucción y generación.

El Mundo se deshace en mis manos.

En mis manos… ¿Por qué en mis manos? Yo soy el manufacturero de mi mundo. Mi mundo me afecta porque yo le afecto. Cualquier transformación premeditada pasará, por lo tanto, por mis manos. Las anomalías escapan de mis manos. En tal caso, me veo afectado sin participación alguna en la transformación. Pese a ello, mi mundo sigue siendo mío. Las anomalías se encuentran más allá de mi mundo. Al igual que los acontecimientos, enlazan mi mundo con el Mundo. El Mundo también se ve afectado. Esto me hace partícipe del Mundo. Las transformaciones escapan a mis manos, sin embargo, veo cómo afectan al Mundo. El Mundo se deshace delante de mí. Ante esto, yo no puedo hacer nada, me veo impotente ante la destrucción del Mundo sin poder remediarlo.

El Mundo se deshace en mis manos.

Este texto, un poco obtuso, todo sea dicho, pretende echar luz sobre los proceso “internos” de “crisis existenciales” y demás pamplinas intelectuales que son más sencillas de solucionar de lo que pensamos. Si un mundo, es decir, una actitud ante todo, se descompone irremediablemente, hay que cambiarlo. De un tiempo a esta parte he sufrido una serie de cambios. Todo comienza por la lectura de algunos viejos escritos y la recuperación de viejas fotos… No, en realidad comenzó antes, cuando hablé… No, fue antes, cuando me encontré… No, empezó cuando decidí… Posiblemente se pierda en las mareas del tiempo. Lo que tengo claro es que, aunque sea yo el afectado de forma traumática, fu por culpa mía por quien comenzó. No podré hacerme la víctima nunca más, no sería sincero. El caso es que lo más reciente fue la lectura de esos escritos, y esas fotos, y eso ha desencadenado una furia contra el tiempo como antes no había mostrado. Contra el tiempo pasado, más concretamente. Pero esto no es algo que yo haya decidido (que sí), sino que ha ocurrido de manera natural, era lo que iba a pasar. Las anomalías crecen, y al final, toda tu historia, se ve vacía, sin sentido, ante veinte años de experiencias. Obviamente nunca se destruyen los fundamentos, eso es impensable. Nada se construye desde cero. (Para una casa, siempre hay un suelo). Pero sí que desaparece lo esencial, lo que antes constituía el eje mecánico de la vida (una estética, una apariencia, una actitud, lo que sea). Arranqué pósteres, tiré papeles, recuerdos, cacharros y demás enseres que me ataban a quien yo ya no era, porque algo me había obligado a dejar de serlo. Y no estoy descontento. Los recuerdos te atan a un pasado que muchas veces nos influye demasiado, nos absorbe, y subyuga en una forma de mirar al mundo. Y es mejor vivir ligeros de anteojeras. He tirado mucha mierda nostálgica, pero eso no quiere decir que lo haya olvidado. Simplemente, ha sido tratada como tenía que ser tratada, y ahora lo que me toca es seguir hacia adelante, y ver qué pasa, y cómo ha quedado, el Mundo.

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