Kwoon + Improvisación

Lo que sigue a continuación no tiene intención de hacerse eco de la música del grupo que abajo dejo. No tiene intención de darle un sentido racional o místico a esos sonidos. No tiene intención de exponer nada objetivamente, ni de ilustrar, ni de mostrar. Lo que sigue a continuación no tiene intención. Es un intento desesperado de salir fuera de mí, pero sin finalidad clara. Cuando uno se ve atenazado por sí mismo, lo que le salva de la saturación es la enajenación, distanciarse y verse desde fuera, como otro, abstrayéndose… Y quisiera sacar de mí todas esas cosas, pero no soy un hombre, soy un campo de batalla. Y por más que lo intento… no.

Mi bolígrafo huye de mí. Se ha desprendido de mi mano y escapa por el suelo. No tengo fuerzas para levantarme, apretarme contra el frio que me rodea, y congelarme. Soy una medusa más que se desboca en su eterna danza marina. Y que añora antiguas rutinas. Soy mi propia negación. ¿Me atreveré? Clarines lejanos, sosegadas cuerdas vibrantes. “Mio eres de noche”, decía una vieja canción. El susurro que nacía de tu retrato de voz, pintado de ese verde curioso tan característico, cada vez queda más lejos. “¿Hace ya cuanto no te lloro? Año y medio, alrededor…” ¿Y a quién le importa la Verdad? A mi no, por supuesto. Sólo queda una grabación añeja, que me da miedo escuchar. También me aterra borrarla. ¿Y si al borrarla acabo con tu alma? Es inefable. Como la “luz de luces” de algún trasnochado teólogo. Dios es amor. Seamos todos divinos. Y a hurtadillas sin que te des cuentas te arranco un “pero unos más que otros”. Juego contra mí; no sé hacerme ganar.

Asonancias, metáforas, aliteraciones, oximorones,… son viejos ante una obra que se apoyan y agolpan sobre mi bolígrafo, que mira a lo lejos. No voy a ir por él, no ahora. Pasará una noche, y otra, y otra, y otra, y a oscuras pintará un bonito retrato de la dama de sus sueños, que todas las noches mirará, y todas las noches romperá, celoso del mundo que existe y la toca, y se arrepentirá innumerables veces, para después volver a construir su imagen, y olvidarla, y amarla, y destruirse en su mirada… Pero qué romántico e infantil es mi bolígrafo. Cuánta fantasía y cuánta imaginación tiene. Se esfuerza por sacarlo todo de sí. No sabe que se está secando. Y con la misma intensidad, acomete nuevos versos, sin éxito; se enarbola ante significados complejos; y lance tras lance, sin perder ímpetu ni resolución, gota a gota, se seca. “¡Oh, blanca Filis! ¿De verdad te he perdido?” Sólo los muertos conocen el final de la guerra -dijo un filósofo-, y mi bolígrafo está a punto de morir. ¿Será este mi fin? Regálame un boligrafo nuevo, blanca Filis, que el mio ya no tiene fuerzas para seguir…

Unos ojillos azules bic me miran desde la oscuridad. “¡Qué de atribulaciones! -piensa- Cuando sepa que todo esto no vale para nada… ¡Nunca me dejará en paz!” Entonces se giró y descansó.

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